Personalidad antisocial: Conducta homicida

Escrito por Dra. María de los Ángeles Quiroga. Publicado en Psicología y Psiquiatría

 

Personalidad antisocial: Conducta homicida

 

 

Resumen

La conducta homicida caracterizada por el acto de matar a otra persona , es una conducta que ha sido y continúa siendo estudiada desde diferentes aspectos: psicológicos, psiquiátricos, neurobiológicos, genéticos , entre otros. El homicida serial es el prototipo del criminal puro que mata sólo por el placer que le produce el sufrimiento ajeno. Se abre un panorama de interrogantes, entre ellos: ¿Esta conducta es innata en algunos individuos, ¿porqué ocurre?. La muestra evaluada fue de 140 hombres homicidas y 20 mujeres homicidas, edades entre 18 a 68 años de edad. Se utilizó un estudio epidemiológico, Test de Multiaxial de Millon (MMCI III) y estadística Test de Fischer y ANOVA con una p<0.05 estadísticamente significativa. En los resultados se determinó la precocidad en la edad del inicio del delito y como predominantemente las personalidad paranoide y esquizotípica. Palabras Claves: homicidio- trastornos de personalidad.

 

 

 

I: INTRODUCCIÓN

La presente investigación surge debido a la preocupación que genera en la población y en al ámbito judicial, forense, médico y social, el número creciente de causas de homicidios en nuestra provincia. El homicidio, definido como la muerte de una persona en manos de otra, es una conducta que plantea: ¿porqué una persona mata a otra sin respetar el derecho a la vida que tiene el otro?. Según la Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana (2), el término homicidio se define como: “muerte que causa una persona a otra”; “por lo general la que se ejecuta ilegítimamente y con violencia”. Se ha detectado recientemente la precocidad en el inicio del delito, que es uno de los factores que llaman la atención, como asimismo la detección del incremento de los trastornos de personalidad. Si bien, muchos son los investigadores que estudian la conducta homicida y los trastornos de personalidad., se intenta a través de este estudio, arribar a detectar características, similitudes y diferencias en nuestra población carcelaria, estudiando a homicidas, excluyendo a aquellos que hayan cometido el delito bajo el efecto de sustancias tóxicas o frente a otros delitos tales como: robo, delitos contra la identidad sexual, estafa, etc. La muestra incluye solamente al individuo que cometió el delito homicidio y sin relación con otros delitos.

 

MARCO TEÓRICO: CONDUCTA HOMICIDA

A lo largo de la historia se encuentran artículos que tratan del homicidio, o de asesinatos, hasta la clasificación efectuada por Hazelwood y Douglas, en el año 1980, quienes hicieron una contribución a la literatura con su clasificación de homicidios por tipo, estilo y número de víctimas, describiendo el homicidio como simple, doble, triple, asesinato en masa clásico y familiar, asesino serial y asesino itinerante, organizado y desorganizado. Innumerables estudios, se han desarrollado respecto de la conducta homicida y continúan realizándose para la aproximación del entendimiento del mismo. (4-6) Similarmente y de acuerdo con Ressler y colaboradores (11), (1986), citados por Homant y Kennedy (1998) y Ailt y Reese en 1980, citados por Knight (1998), el uso de perfiles psicológicos en los crímenes puede ayudar a determinar el tipo de personalidad del criminal y sus características conductuales desde un análisis de los crímenes que él o ella hayan cometido; tenga o no el agresor antecedentes judiciales, si los tiene podría ser un criterio facilitador para la elaboración del perfil (Homant,1998). Los estudios de casuística han permitido asociar diversas variables de interés criminológico y delimitar algunas variantes homicidas típicas, por ejemplo, el tipo “A”, es el tipo de homicidio cometido por varones sin patología psiquiátrica mayor, que tienden a actuar con patrón polidelictual y que muestran más probabilidades de ser reincidentes y de matar a extraños. El tipo “B”, cometido tanto por mujeres como por varones, sin antecedentes penales y cuyas víctimas son personas del entorno inmediato: en este tipo de homicidio es sumamente influyente el factor circunstancial en forma de conflicto. El tipo “C”, es el homicidio cometido por insanos, que no suelen tener antecedentes criminales ni actuar con patrón polidelictual y cuyas víctimas pertenecen al entorno inmediato. (Folino 1993) (3). En nuestra legislación aquellos insanos que han cometido el delito de homicidio, se encuentran alojados en hospitales neuropsiquiátricos. Se propone es este estudio, abordar la conducta homicida en relación a la personalidad, características, similitudes y diferencias en relación a la personalidad de base del sujeto homicida.

 

 

1: RASGOS Y TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

¿Qué es la personalidad? La personalidad es la forma de ser de las personas, es aquello con lo que cada uno se presenta, la personalidad protege a la persona y es la faceta que está más ligada a ella. Desde el punto de vista histórico, la palabra personalidad deriva del término griego persona, que originalmente representaba a la máscara utilizada por los actores del teatro, sugiriendo la apariencia. Con el transcurso del tiempo cambió la connotación y representó no a la máscara sino a la persona real. El término personalidad, se centra en las características psicológicas profundamente arraigadas, que son en su mayor parte no conscientes expresándose automáticamente en casi todas las áreas de funcionamiento del individuo, en una complicada matriz de determinantes biológicos y de aprendizajes y en última instancia comprenden un patrón idiosincrásico de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse de un individuo, o como lo definía Schneider: el conjunto de sentimientos y valoraciones, de tendencias y voliciones del hombre (12).

De acuerdo a Vidal (12), el desarrollo de la personalidad está condicionado en parte por una disposición heredobiológica y comienza a formarse con las experiencias infantiles y la situación sociocultural que atraviesa el individuo a lo largo de su desarrollo. Ambos factores (heredados y adquiridos) dan lugar a una serie de rasgos o características de personalidad y conforman lo que se denomina personalidad básica, previa o predisponente. “ Los rasgos de personalidad son patrones persistentes de formas de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y sobre uno mismo que se ponen de manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales.” (DSM IV, pag. 646) (1). Se consideran patológicos y constituyen trastornos de la personalidad cuando son inflexibles, desadaptativos y causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo, pudiendo manifestarse en lo cognoscitivo, afectivo, actividad interpersonal o el control de los impulsos. Los trastornos de la personalidad tienen una gran relevancia diagnóstica y desempeñan un papel fundamental en los trastornos mentales. Se debe tener en cuenta que los rasgos de la personalidad son el substrato y el contexto en el que podemos comprender mejor las formas atípicas y variadas de la psicopatología. Los principios para conceptualizar la personalidad y sus trastornos siguiendo a Millon (9) serían:

a) Los trastornos de personalidad no son enfermedades.

b) Los trastornos de personalidad son sistemas estructurales y funcionales diferenciados. No entidades internamente homogéneas.

c) Los trastornos de personalidad son sistemas dinámicos, no entidades estáticas y permanentes.

d) La personalidad existe en un “continuum”. No es posible una división estricta la normalidad y la patología.

 

e) La patogenia de la personalidad no es lineal, sino que se distribuye secuencialmente y de forma múltiple a través de todo el sistema.

La personalidad se analiza, en sentido longitudinal, por la historia del sujeto. ¿Dónde comienza entonces la distorsión de empezar a ver al otro, persona igual a uno, como un objeto de uso y abuso sin respetarle sus condiciones de humanidad y derecho a la vida?.

En la patología de la personalidad se destacan la poca estabilidad, como rasgo que sobresale, frente a un estímulo, por él considerado adverso, produciéndole un feed-back positivo que amplifica sus conductas desadaptativas, con baja capacidad para enfrentar las frustraciones, incapacidad de adoptar nuevas estrategias adaptativas, generándole peor control en sus emociones y una visión distorsionada de la realidad, no psicótica (entendiéndose por esto la ausencia de delirios y alucinaciones). El funcionamiento psicológico normal depende de la integridad de las estructuras cerebrales sin desmerecer, por el contrario, sumado a éstas, el ambiente social y el aprendizaje que en la evolución de esa persona se manifiestan. La conducta es lo que observamos en la persona y es la integración de tres áreas: la afectividad, la voluntad y la inteligencia.

En los trastornos de personalidad antisocial, la afectividad hacia el otro se encuentra distorsionada, puesto que es visto el otro “como un objeto de uso y abuso”. La voluntad para eliminar a “este otro” se encuentra con la falta de control para eliminar el impulso de matar y la inteligencia en la mayoría de estas personalidades es normal, discriminando la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, entendiendo el acto que están cometiendo y las implicancias del mismo, y sin embargo lo llevan a cabo. Respecto de áreas anatómicas implicadas en la autopreservación, la amistad, el afecto y el amor, algunos autores señalan que radicarían en Amígdala, y que la regulación del comportamiento agresivo se encontraría en el Gyrus Cingulata, mientras que la expresión de la emoción: placer-ira, se hallaría ubicado en el hipotálamo (5-8).

Las conexiones de corteza orbitofrontal y amígdala, tienen vías que se interrelacionan. Si se destruye la corteza orbitaria anterior, el cerebro medio responde a los impulsos provenientes del cerebro posterior, por lo tanto los mecanismos vitales del sistema límbico, permanecen desinhibidos y los procesos volitivos del lóbulo frontal, no pueden interferir la excitabilidad límbica, se produce la reacción instintiva como una franca patología orgánica. Si al igual que, amígdala e hipocampo, se ponen en funcionamiento frente al estímulo que percibe la persona como de peligro o de miedo, pone en evidencia que los mecanismos biológicos y psicológicos poseen manifestación clínica.

Agregando a la neurobiología descripta, también ha concertado la atención de los investigadores la estacionalidad en la que se produce un incremento en las tasas de homicidios, siendo mayor en la época de primavera y verano, al revés de lo que ocurre con los suicidios y a ambos lo relacionan con alteraciones en la secreción del neurotransmisor serotonina, siendo conocido que en los estudios post-morten de suicidas el metabolito de serotonina se encuentra disminuido (8). 

El Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM IV) (1), presenta una clasificación de Trastornos de Personalidad y una de ella es la personalidad antisocial, que considero es sobre la que debo ahondar para ingresar en la conducta homicida. El DSM IV designa los siguientes criterios diagnósticos para este trastorno.

A) Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems.

• 1) fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, perpetrando repetidamente actos que son motivo de detención.

• 2) deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias y estafar a otros para obtener beneficio personal o por placer.

• 3) impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.

• 4) irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.

• 5) despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.

• 6) irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.

• 7) falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.

 

B) El sujeto tiene al menos 18 años.

C) Existen pruebas de un trastorno disocial, que comienza antes de la edad de 15 años.

D) El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.

 

Personalidad antisocial:

Esta personalidad fue definida por Kurt Schneider como el desalmado. Señala el autor: “son individuos carentes de compasión, de vergüenza, de arrepentimiento, de conciencia moral; en su modo de ser son hoscos, fríos, gruñones; en sus actos, asociales, brutales”. (12). Millon la integra dentro del capítulo de las personalidades con problemas interpersonales: patrón fanfarrón (9), e intenta explicar que la personalidad antisocial está basada en el si mismo: el otro no existe solo busca la satisfacción de su placer y modifica activamente el medio para lograr sus objetivos. Koldobsky, señala que la característica central de este desorden es un modo de irreponsabilidad social que refleja una desconsideración por los derechos de los demás. (7-13).

Son individuos asociales o antisociales que presentan patrones de conducta en conflicto con la sociedad. Son incapaces de ser leales a los valores individuales, grupales o sociales. Son egoístas, insensibles, impulsivos e incapaces de sentirse culpables o de aprender de la experiencia. Tienen baja tolerancia a la frustración. Proyectan en los demás sus propios errores. Criminalidad y personalidad antisocial pueden ir juntas pero no son sinónimos. Citando a Millon (9), señala que estos individuos presentan:

-Afectividad hostil: temperamento irascible que se transforma en ataques y discusiones, presenta con frecuencia comportamientos verbalmente abusivos o físicamente crueles.

-Autoimagen afirmativa: se enorgullece de no depender de nadie y de ser enérgico y obstinado, posee valores competitivos y un estilo de vida orientado al poder.

-Venganza interpersonal: carece de valores como el sentimentalismo, compasión y el humanismo.

-Falta de temor con connotaciones hipertímicas, se mantiene hipertérrito ante el peligro y el castigo.

-Proyección malevolente: cree que la mayoría de las personas son malas, controladoras y punitivas, por ello justifica su desconfianza y sus actitudes hostiles.

Señalan los estudios internacionales (4-6-11) que el homicida pasaría por distintas fases para la ejecución del asesinato: 1) la fase de “aura” 2) Fase de la “pesca”, 3) Fase de la “seducción, 4) Fase de captura de la víctima y 5) la fase del asesinato, con la descarga brutal e impulsiva del acto. Luego del mismo algunos conservan elementos de la víctima: es la fase “fetichista”. Ingresa en la fase 6) “depresiva”, que es la que lo predispone a volver a reiniciar el ciclo que se ha descrito.

Si desde lo que se ha expuesto: clínica, tests y neurofisiología se ahonda en lo genético, celular y molecular ningún estudio es concluyente. Desde lo molecular y lo genético se han identificado y codificado genes, en particular en los sistemas serotoninérgicos y dopaminérgicos, en el QTLs (Quantitative trait loci) para la conducta. El QTL sugiere que el simple modelo de los genes no es atribuible solo como causa y se señala que existiría un modelo poligénico y que varias interacciones de genes sumarían o restarían, en la manifestación de la conducta de la persona. Las variaciones del número de los receptores de serotonina y dopamina y la expresión de los genes del receptor de serotonina podrían atribuirse a ese modelo (10).

 

2- TEST DE MILLÓN III (INVENTARIO CLÍNICO MULTIAXIAL DE MILLÓN):

El test de Millón MCMI-III, consta de 175 preguntas que deben responder los entrevistados solo con verdadero o falso, efectuando la lectura de la personalidad en las siguientes polaridades: 1) débil en la dimensión polaridad, acomodación pasiva, 2) medio en la dimensión de la polaridad: acomodación pasiva, preservación del dolor y  educación y 3) fuerte en la dimensión de la polaridad individuación, potenciación del placer y modificación activa del medio. El test es de importante aplicación en el ámbito forense, tal cual lo recomiendan McCann y Dyer (1996). Blackburn (1986), trabajando en una población de varones encarcelados que padecían trastornos emocionales identificó cuatro tipos de personalidad que denominó “psicópatas primarios”, “psicópatas secundarios”, “controlados” e “inhibidos”.

El primero de ellos se caracteriza por presentar puntuaciones elevadas en las escalas narcisistas, antisocial e histriónica del MCMI I. El psicópata secundario se define por puntuaciones altas en las escalas negativista, evitativa, esquizoide y antisocial y se parece bastante al grupo hallado por Weeks y Morrison (1993). Estos dos tipos de psicópatas son los que parecen recibir más penas por crímenes con agresión y haber pasado más tiempo encarcelados. Además se ha observado a un grupo de pacientes con una personalidad compulsiva y un cuarto grupo en el que destaca la indiferencia ante las relaciones sociales, reflejada en puntuaciones elevadas en las escalas esquizoide y evitativa. El sujeto al que se le aplica el test debe tener edad adecuada para las normas del baremo del test y sus facultades intelectuales y emocionales deben ser al menos suficientes para que pueda entender los ítems sin dificultades, por ser un cuestionario autoadministrable es muy productivo y revelador si los sujetos a los que se les administra son mínimamente inteligentes, no presentan dificultad para entender los ítems, se conocen lo suficiente a si mismos para contestar a las preguntas con bastante precisión y están dispuestos a compartir lo que saben. Podemos definir la puntuación TB como una puntuación que indica la probabilidad que tiene un sujeto de presentar un atributo determinado y no tanto el lugar que ocupa dentro de la distribución normal.

Una vez computarizadas las puntuaciones TB de cada escala se ajustan para tener en cuenta la tendencia general o el sesgo de las respuestas del sujeto. Millon situó los puntos de corte de las puntuaciones TB en cuatro puntos distintos, una puntuación TB 35 sería la puntuación media en la población normal o no psiquiátrica, una puntuación TB de 60 sería la puntuación media para los pacientes psiquiátricos, una puntuación TB de 75 sería el punto de corte a partir del cual se confirmaría que el sujeto presenta las características determinadas que se esta midiendo una TB mayor de 85, indicaría que la característica en cuestión en la más predominante en el individuo. Los resultados del test están condicionados por los sentimientos y percepciones del sujeto en el momento de responder el cuestionario. Es reflejo de su estado en un momento concreto .

 

Escalas del test:

El test consta de:

a) Las escalas de validez; los índices de tendencia o modificación de respuestas con los que se evalúa la forma particular de responder que tiene el sujeto,

b) Las escalas que miden estilos de personalidad,

c) Las que miden patrones de personalidad patológica y d)las diseñadas para detectar trastornos del eje I, divididas en escalas de síndromes clínicos de gravedad moderada y de gravedad extrema.

Escala de Validez: 

Esta escala, escala V, contiene tres o cuatro ítems cuyo contenido es tan absurdo que cualquier sujeto con buena capacidad de lectura y comprensión debería marcarlo con falso.

Escala de tendencia de respuesta:

Millon detectó que ante un inventario de tipo autoinforme algunos sujetos tienden a responder de forma tal que su perfil clínico real no queda bien reflejado, algunos conscientemente o no tienden a mostrar sólo lo mejor de sí mismos y a negar cualquier característica socialmente indeseable, otros en cambio se retratan a sí mismos mucho más disfuncionales de lo que son.

El primero de esos índices es el de Sinceridad (X), no es una escala propiamente dicha sino un compuesto de puntuaciones sacado de las escalas básicas de personalidad. Teóricamente esta escala contiene ítems que en cierta medida son neutrales en cuando a su grado de deseabilidad dando así una idea de lo dispuesto que esta el individuo a “poseer” cualquiera de los rasgos psicológicos.

El índice de Deseabilidad (escala Y), mide la tendencia del sujeto a dar una buena imagen de sí. Los ítems que más destacan en estos casos son, principalmente aquellos con los que el sujeto aparece como seguro de sí, o más bien gregario, pero siempre dando muestras de respeto hacia la autoridad y las reglas sociales, o aquellos que indican que es eficiente, organizado, evita enfrentamientos, sigue reglas morales pero sabe divertirse suele estar de buen humor y nunca abusa de alcohol.

El índice de Alteración (escala Z), por el contrario intenta detectar la tendencia del sujeto a dar una imagen negativa de sí, contestando mayoritariamente a ítems que hablan de sentimientos de vacío emocional y físico de baja autoestima y de hipersensibilidad o susceptibilidad. Suelen aparecer sentimientos como el de no ser querido, conductas autodestructivas, sensaciones de tensión, de incomodidad ante la presencia de otros. Así como de culpabilidad y depresión.

 

Escalas de estilos de personalidad:

La primera de las escalas de personalidad es la esquizoide, asocial, introvertida o indiferente-pasiva (escala 1), se mide el factor de aislamiento social. La segunda escala de personalidad evitativo, inhibida o indiferente-activa (escala 2A), mide un estilo de personalidad que también se caracteriza por aislamiento social pero que a diferencia del estilo esquizoide, conlleva un conflicto de acercamiento-evitación. En el caso de la escala de personalidad dependiente, sumisa, cooperativa o dependiente- pasiva (escala 3) los ítems miden sumisión, amabilidad, sociabilidad. Por su parte la escala de personalidad histriónica social gregaria teatral o dependiente activa (escala 4) tiene como rasgos principales: extroversión, amabilidad y tendencia a la actuación.

En la escala de personalidad narcisista, segura, independiente-pasiva (escala 5), destacan la extroversión, la sensación de ser único y especial y la arrogancia interpersonal. El otro estilo independiente es el que mide la escala de personalidad antisocial, ruda, competitiva o independiente activa (escala 6A), una visión del mundo como un lugar competitivo, tendencia a la actuación y a la desconfianza social e independencia social.

Entre los factores que se encontraron en la escala de personalidad compulsiva, respetuosa, conformista disciplinada y ambivalente-pasiva (escala 7), están los de responsabilidad, constricción, estabilidad afectiva ambivalencia interpersonal cierre a la experiencia intolerancia, irritable y un sentido de virtuosismo. Finalmente la escala de personalidad negativista pasivo agresiva/ explosiva, sensible, impulsiva o ambivalente- activa (escala 8A) indica un estilo marcado por un profundo rechazo a ser controlado y un fuerte resentimiento contra la autoridad.

 

Escalas de personalidad patológica:

Son cinco escalas: la escala de personalidad depresiva (2B) en términos generales indica una tendencia a ver la vida con pesimismo. La escala agresiva o sádica (escala 6B) probablemente indique una variante más patológica del estilo antisocial de personalidad. la tendencia del sujeto a ser agresivo o incluso hostil en su interacción con los demás, rechazan hacer lo que los demás le dicen y que siendo competitivos por naturaleza rechazan hacer lo que los demás les dicen y pueden llegar a comportarse cruelmente para conseguir pasar por encima de los demás., con desconfianza, pasan a la acción y piensan que uno siempre debe estar en guardia para protegerse de cualquier peligro, utilizan la proyección y son irritables.

La escala de personalidad autodestructiva (escala 8B) es indicativa de una variante patológica del estilo de personalidad negativista, con baja autoestima e incomodidad cuando se les trata bien, parece que buscan sentirse rechazados y/o heridos por su expectativa aprendida de sentirse maltratados.

La escala de personalidad esquizotípica (escala S) se diseño para medir el miedo al contacto humano, la suspicacia y desconfianza en los demás y la preferencia por una vida de aislamiento pasivo con pocas relaciones interpersonales, con conductas excéntricas.

La escala límite (escala C), escala cicloide fue diseñada para medir un patrón dominante de inestabilidad tanto en los estados de ánimo como en las relaciones interpersonales y de confianza, con impulsividad, y labilidad afectiva La escala de personalidad paranoide (escala P), que mide principalmente actitudes de desconfianza y suspicacia así como sentimientos de superioridad, rechazo a la autoridad y a la crítica, la insensibilidad hacia los demás y los sentimientos de desconexión física y emocional.

 

Escalas de síndromes clínicos de gravedad moderada:

La escala de trastorno de ansiedad (escala A) se asocia con una aprensión, reacciones fóbicas, indecisión, etc. La del trastorno somatoforme (escala H) se caracteriza por sensaciones de cansancio, debilidad, tensión, nerviosismo sudoraciones y molestias físicas. La escala bipolar maníaco o hipomaníaco (escala N) se diseño par medir intranquilidad, hiperactividad, euforia, rapidez en el habla impulsividad e irritabilidad. La escala del trastorno distímico (escala D), reflejan cierta apatía y humor abatido, sentimientos de culpabilidad, desaliento o desesperación y falta de iniciativa personal. La escala de dependencia al alcohol (escala B), se caracteriza por un historial de abuso de la bebida que ha provocado numerosos problemas tanto en casa como en el trabajo y sus ítems reflejan falta de confianza en sí mismo, soledad, vacío, etc. La escala de dependencia a la droga (escala T) refleja un uso continuado y pronunciado de las drogas que ha conllevado dificultades en el terreno personal y laboral, rechazo a la autoridad, impulsividad, manipulación del otro, etc. La escala de estrés postraumático (escala R) mide síntomas que surgen a consecuencia de una experiencia traumática como padecer fuertes ansiedades y pesadillas.

 

Escalas de síndromes clínicos de gravedad extremas:

Millon separa las tres últimas escalas de las siete primeras porque entiende que forman parte de los trastornos de tipo psicótico. No todos los autores se encuentran en concordancia con esto y tampoco es concordante con el DSM IV. La de trastorno del pensamiento (escala SS), fue diseñada para detectar a sujetos que padecen gran confusión y desorganización de sus procesos de pensamiento, afecto inadecuado delirios alucinaciones esporádicas, pero también explora actitudes de suspicacia y desconfianza deseos de aislamiento miedo a ser utilizado por los demás y sensaciones de pérdida de equilibrio físico y emocional. La escala de depresión mayor (escala CC) para medir trastornos afectivos más graves, este trastorno se caracteriza por un estado depresivo de envergadura que se acompaña de dificultades para dormir sentimientos de desesperación, miedo al futuro, agitación y retraso psicomotor. La escala de trastorno delirante (escala PP), explora la presencia de ideas irracionales, de tipo persecutorios, grandilocuencia sentimientos de superioridad y miedo a ser utilizado por los demás.

 

3: OBJETIVOS

3.1: OBJETIVO GENERAL:

*Determinar si la personalidad antisocial presenta algún patrón psicológico especial y distintivo en relación a la conducta homicida.

3.2: OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

1) Efectuar un estudio epidemiológico de la población a estudiar, caracterizando: edad, estado civil, nivel sociocultural, educación, uso, abuso o consumo de sustancias, época del año en que cometió el delito, antecedentes familiares de delitos, primera vez que efectúa un delito o reiteración del hecho del homicidio, otros tipos de delitos y rasgos clínicos de personalidad.

2) Aplicar el test de Millon (MMCI III) a homicidas y sujetos no homicidas y de alta agresividad (grupo control) para realizar comparaciones.

 

MATERIALES Y MÉTODO

Se estudió una población de 140 hombres homicidas y 20 mujeres homicidas , habiendo solicitado previamente el consentimiento informado, edades entre 18 a 68 años, habiendo cometido el delito homicidio y no estando bajo los efectos de sustancias tóxicas ni en presencia de otras figuras legales, teniendo como mínimo estudios primarios completos. Se seleccionó la muestra incluyendo a todos los homicidas con estas características durante un año y medio, comprendido entre Mayo del 2004 a Octubre del 2005, siendo un trabajo prospectivo, analítico, utilizando programas estadísticos, con determinación de frecuencias absolutas y relativas, y el uso de Test de Fischer y ANOVA, considerando una p < de 0.05 como estadísticamente significativa. Se utilizó una segunda estratificación, por edades, los condenados por homicidio eran hombres entre 18 y 68 años, siendo el grupo etáreo de mayor envergadura el comprendido entre los 21 a 30 años, seguido del de 31 a 40 años, el grupo minoritario estuvo integrado por edades entre 18 y 20 años (2,14%).Respecto del estado civil de la población masculina examinada predominaron los solteros en primer lugar, en segundo lugar el concubinato y en tercer lugar los casados. Hubo predominio de internos con estudios primarios completos y uno solo con estudios universitarios completos. Se aplicó en primer lugar la entrevista clínica epidemiológica, previo consentimiento informado para participar del estudio. Posteriormente se aplicó el Test Multiaxal de Millon III, el cual consta de 175 preguntas de autoevaluación, los entrevistados deben contestar solo con verdadero o falso.

 

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

En el estudio epidemiológico que se efectuó entre los hombres y mujeres homicidas, (totales), las respuestas que aportaron arrojaron resultados en porcentajes. Expresa cierta precocidad en la edad de cometer delitos contra la ley el hecho de que alrededor del 50% de los homicidas tenían entre los 20 a 30 años. Respecto de los hombres homicidas, algunos de ellos mataron a sus esposas, o parejas (crímenes pasionales), pero la mayoría ocasionaron la muerte a otra persona sin un móvil, previo, tal vez y por lo que aportaron los individuos, “hubo un ajuste de cuentas” y en otros casos no aportaron el móvil.

En nuestra muestra 2 mujeres homicidas, utilizaron el “veneno” para matar a sus esposos. Según comentaron, eran víctimas de maltrato por parte de éstos. En solo una entrevistada hubo un móvil pasional. Otra de las entrevistadas, participó en el homicidio de su hijo pequeño en compañía de su esposo, ambos se encuentran condenados por el mismo hecho. Todas intentaron justificar el porqué del hecho, pero las condenas aplicadas revelan un delito grave. Utilizando la clasificación citada por Folino (2), podemos decir que en nuestra muestra predominó el tipo delictual “B” en las mujeres, mientras que el “A” predominó en la muestra masculina y ninguno del tipo “C”. En otro orden de comparaciones, en las entrevistas clínicas los internos del rango etáreo 51 a 70 (2.1%), comentaron que sus pares de menor edad 18 a 30 años (49.99%) muestran un lenguaje diferente al suyo manejando “códigos” distintos a los que se utilizaban en la época que ingresaron en el Penal para cumplir sus condenas. Esto puede ser reflejo del creciente número de homicidios que están aconteciendo dentro de la Penitenciaría en el momento actual y que son de público conocimiento. Estos datos surgen de la entrevista con los internos, puesto que no se permitió la lectura de los expedientes. Analizando la época en la cual cometieron el delito homicidio predominó en la muestra masculina en la época de verano, utilizando el Test Exacto de Fischer, de dos colas, el valor de p fue < 0.001 considerado muy significativo, no así en las mujeres, probablemente por el número de la muestra.

Respecto de la estacionalidad puede detectarse claramente que los hombres homicidas, cometieron el delito en la época de verano, las implicancias de que el delito fuera cometido predominantemente en verano, merecería estudiarse con mayor detalle, puesto que de tenerse en cuenta factores biológicos tales como la disminución de la producción de serotonina y el aumento de melatonina, típico en la época de mayor luminosidad horaria, podría darnos una aproximación si estos factores biológicos tienen o no importancia. Sin embargo no se pudo obtener autorización para efectuar la extracción de las muestras sanguíneas o salivales y proceder al estudio de las sustancias mencionadas y otras.

 

Cabe establecer que estos homicidas no efectuaron el delito homicidio bajo la presencia de sustancias tóxicas. el 47% consumió sustancias durante la época de la adolescencia, no en el momento de cometer el homicidio. Respecto de los antecedentes familiares penales, reveló que en la muestra total (n= 140) analizada el 45.71% presentó antecedentes penales familiares con 47.14% uso de sustancias tóxicas en la adolescencia, mientras que el 54.28% de los sujetos estudiados no presentaron antecedentes penales familiares y 52.85% de no uso de sustancias tóxicas. En la tabla 1 (Pag. 14) se destacan los resultados del estudio epidemiológico.

La figura legal que predominó fue la de homicidio simple sobre la de homicidio calificado. Desde la clínica y el estudio epidemiológico, surgió la personalidad antisocial como predominante, seguida por la paranoide y la narcisista sobre las demás personalidades. Respecto del Test de Millon los resultados arrojaron que en los hombres y mujeres homicidas, en las escalas de validación no se obtuvieron diferencias significativas. Respecto de las escalas de personalidades severas, en los hombres, se halló una p < 0.001, predominando las personalidades paranoides y esquizoides. En las mujeres no se encontraron diferencias significativas.

Respecto de los trastornos psicopatológicos severos, en los hombres se halló una p<0.001 predominando el trastorno delirante. Se puede interpretar que en estas personas, lo que predominó fue la presencia de ideas de tipo persecutorias, grandilocuencia, sentimientos de superioridad y miedo a ser utilizado por los demás. En las mujeres no se obtuvieron diferencias significativas. En los síndromes clínicos severos en los hombres se encontró una p< 0.001 predominando la ansiedad por sobre los demás trastornos, en las mujeres no se detectaron diferencias significativas.

 

CONCLUSIONES:

El constructo psicopatía es una de las categorías clínicas más polémicas. La transgresión a la norma social y la violencia dirigida a otros ha sido un foco de interés desde diferentes disciplinas. El presente estudio utilizó la entrevista clínica epidemiológica y el Test Multiaxial de Millón (MMCI III), los resultados obtenidos muestran diferencias entre ambas poblaciones estudiadas. Los homicidas entrevistados, a la clínica mostraron carencia de empatía y estructuras de pensamiento rígidas, donde la cognición no es suficiente para comprender el dolor del “otro”. Esto podría interpretarse como una distorsión cognitiva de la evaluación del medio.

La conducta homicida, que implica la pérdida de la vida de una persona en manos de otra, “este otro”, carente de empatía, distanciamiento afectivo, falta de culpa, manipulación de la información y la transgresión fueron la constante que una vez más se ha repetido en estas personalidades.

FACEBOOCK